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Tragedia en Lampedusa

La inmigración puede ser un problema para toda Europa debido a la demanda de empleo por parte de los inmigrantes

23.10.2013 - Rubén y Jesús

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La alcaldesa de la isla italiana de Lampedusa, Giusi Nicolini, desesperada ante la llegada a sus costas llenas de cadáveres de inmigrantes, no encuentra consuelo. Han pasado nueve días y más allá de condenas y lamentos no hay sobre la mesa soluciones capaces de salvar vidas y poner orden en la gestión de los flujos migratorios. En parte, porque no hay una receta única. Pero, también, los electorados sintonizan cada vez con mayor facilidad con los discursos antiinmigración que han elevado a partidos extremistas en toda Europa en tiempos de crisis.

 

De momento, la experiencia acumulada no ha bastado para aliviar la situación. Al contrario. Las cifras de muertos no dejan de crecer, mientras que las proyecciones de flujos de desplazados de conflictos como el sirio alertan de un serio agravamiento de la situación. Si nos fijamos en los acontecimientos históricos en el mundo árabe, la Union Europea necesita acometer cambios profundos en sus políticas con sus vecinos del Mediterráneo, reconocía hace meses en Harvard la propia Cecilia Malmström, comisaria europea de Interior.El dilema que los más de 300 muertos de Lampedusa ha reavivado con brutalidad persigue a los países desarrollados desde hace décadas. No es sencillo, porque en la inmigración se cruzan caminos infinitos. Los conflictos armados, la desigualdad, la solidaridad internacional. Casi nada. Son grandes temas a resolver a largo plazo. 

 

Mientras que las mercancías y las empresas circulan con creciente fluidez en el mundo global, las personas no son capaces de traspasar las barreras de los Estados-nación. Los muros, las patrullas marítimas y los controles fronterizos crecen en altura y densidad, pero no consiguen disuadir a los indocumentados. Tampoco logran impedir la muerte de las decenas de miles de personas que tratan de alcanzar las costas. Para algunos expertos, el efecto es justo el contrario. La situación actual es inhumana. Centrarse en el control físico de las fronteras y en las barreras no resolverá el problema. Es fundamental comprender que la violencia y la guerra no van a desaparecer y que la gente va a seguir intentando escapar. Cuanto más se cierren las fronteras, más peligrosas resultarán las vías clandestinas. Por eso, yo creo que el planteamiento actual solo contribuye a poner más vidas en peligro, sostiene Nicolas Beger, director de Amnistía Internacional en Europa.


Qué hacer es evidentemente la clave del asunto que nos ocupa. Puede que las desigualdades y la guerra siempre vayan a existir y que no vaya a faltar gente dispuesta a jugársela en busca de un futuro mejor. Hay que decidir, pues, quién entra y cómo lo hace y, sobre todo, evitar que se maten por el camino. Son casi testimoniales los entendidos que defienden la apertura total de fronteras y la soberanía de los Estados para decidir quién entra y quién sale del país apenas se cuestiona.Para Vittorio Longhi, lo que está sucediendo ante las costas europeas cobra dimensiones bélicas. Autor de un libro titulado La guerra de la inmigración. Un movimiento global contra la discriminación y la explotación, cree que las cifras de inmigrantes muertos bien podrían ser las de una guerra, y piensa que esto no funciona. Por pretender que no existe, el problema no va a desaparecer. No hacen falta 200 muertos para darse cuenta.

Longhi sí opina, sin embargo, que entre una posición y otra hay mucho margen para mejorar. Que parte del problema se solventaría si se amplían los canales de emigración legal ya sea ampliando los sectores laborales o a través de un mayor número en sectores ya existentes, algo en lo que coinciden no pocos expertos.Hay que adecuar la demanda migratoria a las necesidades reales de los mercados laborales. Las cuotas de entrada podrían ser mayores en muchos países. La prueba es que los inmigrantes sin papeles encuentran empleo ilegal y en condiciones terribles, pero lo encuentran porque hay trabajo. El problema es que el debate migratorio ha estado dominado tradicionalmente por la propaganda y la xenofobia. 

Uno de esos políticos es Philip Claeys, europarlamentario del Vlaams Belang, partido de la extrema derecha belga, que, como muchas otras formaciones de la UE, ha forjado su identidad en el cierre de fronteras y el rechazo al inmigrante. Piensa que a los europeos les preocupa mucho este tema y que el problema es que durante años se ha tratado como un tabú político. La gente está harta. Los inmigrantes vienen de manera ilegal y se benefician de los servicios sociales. Inscriben a sus hijos en las escuelas, utilizan los hospitales y no se integran. No queremos más guetos en Europa, dice Claeys, para quien la solución es relativamente fácil.

Elizabeth Collet, directora para Europa del (MPI), estima que cunde un nerviosismo generalizado azuzado por las crisis financieras. ?Las percepciones son clave en este asunto. Cuando a la gente se le pregunta en encuestas qué porcentaje de inmigrantes hay en su país, invariablemente dan un número mucho más elevado del real. Collet es de las que piensa, sin embargo, que las tornas pueden cambiar. Que las fronteras son un concepto en evolución continúa. Que hace 40 años nadie pensaba que en la zona Schengen la gente pudiera viajar sin pasaporte y que países como México o Turquía pasarían a ser receptores de inmigrantes.

Más allá de las grandes cuestiones filosóficas, si se cumplieran las leyes existentes y se modificaran ligeramente otras, la mejora sería sustancial, defiende Judith Sunderland, investigadora de Human Rights Watch para Europa Occidental. El derecho internacional del mar no se está cumpliendo. La obligación de socorro se interpreta de manera restrictiva y hay países como Italia en los que se penaliza a los patrones que ayudan o se les pone trabas para que desembarquen a los náufragos.

Lo que yo opino de lo ocurrido en Lampedusa es que todos los países se tendrían que poner de acuerdo para arreglar la economía y la situación en las fronteras; porque así los inmigrantes no tendrían que cruzas por las costas y arriesgar sus vidas y las de sus familias para buscar trabajo en nuestro país.

Por eso la cosa se tiene que arreglar, la cosa no puede seguir ni para ellos ni para nosotros, espero que esto se arregle en breve. 

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